domingo, 23 de abril de 2017

La avenida 49

Por Fernando Luis Rojas

1.

La avenida 49 es una de las vías más importantes de San Salvador. Para los que vivimos en La Habana, si aterrizamos en la ciudad y caemos de fly en esta calle, podríamos pensarla –con más carros y menos baches– émula de la avenida 23. No es exacto. Poco a poco, iríamos descubriendo que hay más veintitrés (ojo, La Rampa es otra cosa).

Pero esta no es una historia de cubanos, aunque también. Para los salvadoreños, la 49 –que sería “otra” de las calles con vehículos y sin huecos– es una de las rutas que recorren a diario para ir y regresar del trabajo. Ya dicen que hay tráfico a cualquier hora, pero el clímax matutino es entre seis y ocho y media; y el vespertino entre cuatro y siete. En esto sí hay más constancia. Aquí las horas laborales se exprimen y de cualquier punto cardinal, hay gente viajando desde la madrugada para llegar a la capital a tiempo y cumplir su rutina.

Para otros salvadoreños, la avenida 49 es la vía para llegar a Metrocentro. ¿Qué es? Pues un monstruo: el centro comercial más grande de El Salvador y Centroamérica y el que recibe más visitas por mes. Una de esas ciudades de cristal (y hierro) a veces detectivescas –a la manera de Paul Auster– como cuando, en una tienda afín y en medio de un temblor de tierra de 5.1, la gente no podía salir sin pagar. En Metrocentro, con sus más de 760 locales comerciales, sus 200 mil metros cuadrados y 2500 parqueos vi que el imaginario de la “vidriera-museo” se manifiesta en Cuba en una escala menor. Si Carlos III es un museo tropical, Metro vendría a ser el MoMA.

Pero sigamos en la 49.

2. 

El olor a orina me trasladó a la entrada del Latino. ¿Será un karma de los estadios? Era un olor penetrante, que se colaba en la lengua, pero con un sabor hegemónico a maíz y curtido, a plena pupusa salvadoreña.  

La avenida 49 se llevó el premio de mis caminatas en San Salvador. Justo allí, a mi derecha, se alzaba el bloque azul, el estadio Jorge “el Mágico” González. ¿Quién coño es “el Mágico” González? “¿No sabes?” Me pregunta incrédulo Eduardo. Y él se avergüenza porque su país no se conozca; y yo me avergüenzo por no conocer a su país. “Mira, aquí está su estrella”. Y es cierto, en la acera –como una versión criolla y corta del Hollywood Walk of Fame– está la estrella de Jorge Alberto González, “el Mágico”.

Para mí era un misterio. Crecí en Santiago de Cuba y de adolescente “la aplanadora” estaba en su apogeo beisbolero. Para mi primo y yo no existían Germán Mesa, Víctor o Linares; la cosa era más sencilla: Pacheco o Kindelán, y de vez en cuando el preterido Pierre. Vi fútbol por primera vez en 1994 y bebí una historia limitada de ese juego, una historia –como la de las sociedades– escrita por los grandes, por los vencedores.

¿Quién coño es “el Mágico”? La doble vergüenza de Eduardo y mía se volcó en una alfabetización en imágenes, y la memoria dormida –que es la garantía del olvido y los yerros– despertó. Ahí vino el homenaje del Cádiz cuando ascendió por última vez a Primera; o el golazo frente al Barcelona corriendo y sorteando contrarios desde más de media cancha; o la historia de “un tipo”, un “mago loco” que rompió todo molde y fue más rebelde que todos.

Aquí el fútbol se vive diferente. Hay Barça y Madrid, pero también Alianza, Águila, Santa Tecla, FAS y Firpo. Queda el recuerdo, cercano en algunos, de las participaciones mundialistas de 1970 y 1982. En esta última, la Selecta recibió una goleada de escándalo ante Hungría y cedió –decorosamente– ante Bélgica y Argentina. Pero se había llegado al mundial. Era la generación de un mago.

El fútbol se vive diferente, y los futbolistas viven diferente. Ni bien, ni mal: diferente. Al menos, así lo vi en el “El Loco” Abreu cuando en diciembre de 2016 marcó un doblete para que Santa Tecla se coronara campeón del Apertura. Me recordó el festejo del uruguayo en aquel penal a lo Panenka que marcó frente a Ghana en el mundial de Sudáfrica.

Un loco que hizo magia en Santa Tecla y un mago, dueño de una jugada con nombre loco: “la culebrita macheteada”. Tiene que vivirse diferente el fútbol aquí.

3.

“El Mágico” tiene su estrella y su estadio. Y las jardineras de ese estadio, que no tienen flores, sirven a la gente sin casa para dormir. Cuento los bultos de ropa y lona apilada, que valen de frontera, Patria y Estado a uno, dos, tres… ocho personas. Frente a ellos, alzada en un tubo que hiere la misma acera donde está la estrella del futbolista, la paradoja de un anuncio de Wendy´s o Kentucky Fried Chicken (KFC).

Y el espacio físico me aturde. Geografía y memoria se juntan, me emboscan desde una vista del lago Coatepeque, de la isla de Alfredo Cristiani, el hombre que era presidente cuando los militares se metieron a la Universidad Centroamericana y asesinaron a ocho personas. Cristiani, el “Presidente de la Paz”, la paz que no pudo ver –entre miles– el sacerdote jesuita y rector de la UCA Ignacio Ellacuría.

En la cuadra del estadio no hay flores. Hay gente sin casa, bultos frugales y carteles lumínicos. Eduardo me aguanta del hombro, me mira condescendiente y a mí me hierve la sangre. Me enciende esa loca dinámica de mirar diciendo: “no está bien, no es correcto, pero es natural”. Y yo digo mirando: “no es natural hermano. Si a mí, en Cuba, cosas menores que estas tampoco me son naturales”.

Caigo en la cuenta que no le hago justicia y me detengo. Allí, bajo el paso de nivel lleno de figuras y graffitis. Allí, donde en unas horas pasearán –a la manera de Silvio– “flores de Quinta Avenida” o –a la manera del buen Eduardo– “orquídeas del mar”. ¿Será una forma caprichosa de saldar las flores que no hay en las jardineras?

4.

La 49 tiene algunas lomas. Nada comparable con las del país. Las “trabazones” (tranques) de los carros son imposibles. Los  autos se apilan en las calles, la gente en las aceras y los “buseros” (guagüeros, choferes) vienen a confirmar que son identidad de grupo mundial: se meten delante, frenan como si cargaran vacas, te apuran, se guardan el vuelto…

Con esto de lomas y gentes vuelvo a pensar que no hago justicia. Ahora no es a Eduardo, sino a las mujeres que con treinta libras en una cesta sobre sus cabezas ascienden cientos –y a veces miles– de metros empinados. Las he visto en Chinamequita, el Boquerón de San Salvador, Morazán… Las he visto en todos lados y regresan recurrentes. ¡Coño! ¡Qué larga se hace esta avenida citadina!

Al fin. La 49 se convierte en el Bulevar de los Héroes justo a unos pasos de Metro. Pero ya hablé de eso… y vuelven las imágenes de jardineras vacías, jesuitas muertos y ciudades acristaladas.

Y Eduardo vuelve a sujetarme el hombro. Ya advertido, borró la condescendencia y ahora sonríe con esa picardía salvadoreña que es mito y realidad. Me susurra: “los que lloraron borrachos por el himno nacional bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte, los arrimados, los mendigos, los marihuaneros, los guanacos hijos de la gran puta, los que apenitas pudieron regresar, los que tuvieron un poco más de suerte, los eternos indocumentados, los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo, los primeros en sacar el cuchillo, los tristes más tristes del mundo,  mis compatriotas, mis hermanos”; y le abrazo y le digo “hermano”. ¡Ayyy Roque! Del sufrimiento y los contrastes no se sale. Pero, con egoísmo vergonzante, pueden posponerse un poco. “Eduardo”, le digo, “vayamos por pupusas y cervezas”.


jueves, 20 de abril de 2017

De nuevo desde la ortodoxia, ahora –evidentemente– desde “otra” ortodoxia

Por Fernando Luis Rojas

“(…) lo que podrá sacar a luz los tesoros de las experiencias y las enseñanzas no será la apología acrítica sino la crítica penetrante y reflexiva.”.
R. Luxemburgo

Había terminado el anterior post con una frase macarrónica en que le apuntaba a la UCLV el mérito de “hacerme coincidir ante un problema concreto con gente con la que no tenía nada que ver”. La borré. Me pareció confusa, y que ocultaba el hecho del antagonismo entre lo que propone una organización como Somos+ y la manera individual en que veo el proyecto colectivo de la Revolución cubana. Al final, de todas formas, la gente hace sus lecturas y construye sus relaciones de manera bien libre. La borré por gusto.

Cuatro trabajos me han lanzado a escribir este nuevo post: Argumentos de verdaderos revolucionarios, A una nueva Contra una nueva estrategia revolucionaria, Nuestras razones y Universitaria (este último es en realidad dos párrafos porque luego reproduce Argumentos de verdaderos revolucionarios), publicados entre el 18 (Nuestras razones) y el 19 de abril. Paso por alto los comentarios en las eufemísticamente llamadas “redes sociales”. Por cierto, BBC y El País llegaron a destiempo, como debía ocurrirles siempre en los “asuntos cubanos” y latinoamericanos.

Lo primero es que a pesar de las coincidencias en fechas y el empleo de términos similares no me atrevería a calificarlos como unidad, son diversos.

Primera tesis: Las reacciones y las críticas ante la expulsión de Karla María Pérez González también han sido diferentes. Si responden al “diseño de campaña” de Somos más –posibilidad que no descarto–, ello no deslegitima todas las posiciones que denuncian el hecho.

Segunda tesis: Hay dos grandes cortinas de humo sobre el asunto. La primera, es aquella que disminuye el hecho concreto para situarlo como “una manifestación más” de “la represión” en Cuba. La segunda, esa que lo aprovecha para lanzar acusaciones y calificativos –en una nueva temporada– a la manera de “hipócritas solidarios”, “oportunistas escandalizados”, “egocéntricos cargados de verdades absolutas”, “ilustrados melancólicos” y “revolucionarios utilizados”.

En ambos casos, Karla María y su expulsión pasan a un segundo plano. La joven de 18 años vendría a ser una pieza, un rehén político de la propia organización a la que pertenece. Siendo inteligente, sacaría sus conclusiones del asunto.

Como diría un socio, esta cortina de humo expresa la contradicción de que cuando combates a la contrarrevolución tienen que oírte en la Plaza; y  cuando criticas y condenas los errores del gobierno cubano deben legitimarse en Diario de Cuba.

Tercera tesis: En la lucha política, las argumentaciones y razonamientos no tienen efecto retroactivo. ¿De qué sirve “un expediente” de sus actividades a destiempo? ¿Alguien pensó que a estas alturas el asunto pasaría silenciosamente? En la línea de mi post anterior, esto no es lucha por la hegemonía, es autopsia.

Cuarta tesis: Volvemos a la cuestión del Derecho. Sin dudas, es la principal referencia para defender la permanencia de esta joven en la Universidad Central de Las Villas. Pero –y mis amigos juristas me matarán– al Derecho (y los Derechos), de norte a sur y de este a oeste de este mundo loco, lo hace imperfecto (al menos a su ejercicio) la desigualdad. Recordemos esa frase genial de la película NO: “usted tiene un sistema [el capitalismo] en que cualquiera puede ser rico, no todos, cualquiera. No se puede perder cuando todos apuestan a ser ese cualquiera”. Y esa es la ruptura –que en materia de Derecho (y los Derechos)– la Revolución cubana no debería permitirse.

Quinta tesis (y Final): Ya se ha dicho varias veces que el pensamiento de Fidel sería un terreno de disputas en el propio campo que se proclama “revolucionario”. Ello se manifiesta de forma dramática cuando el texto de la UCLV Nuestra razones habla del “concepto de Revolución”. A manera de botón de muestra, si “Revolución es sentido del momento histórico”; ¿no tener sentido del contexto es contrarrevolución? ¿Se entiende?

Epílogo

Pues teniendo en cuenta lo anterior, yo me mantengo en mis quince: considero un error la expulsión de la estudiante Karla María Pérez González de la UCLV. Ya mañana me corresponderá discutirle, o incluso resistirme al linchamiento anunciado a quienes militamos en organizaciones opuestas. Temerle a eso sería aceptar que no somos nada…


lunes, 17 de abril de 2017

Hablando desde la ortodoxia del caso UCLV

Por Fernando Luis Rojas

Fui de los que enarboló como consigna la idea de “universidad para los revolucionarios”, como lo hicieron y olvidan (que lo hicieron con entusiasmo y rigor) muchos que también dirigieron la Federación Estudiantil Universitaria (FEU). No soy de los que se niegan, y tampoco de los “que despiertan” al primer contacto con otro paradigma democrático.

Por aquellos tiempos entendía la frase, y creo lo hacíamos varios, en una perspectiva no excluyente. En primer lugar, ya el axioma tiene una marca bastante jodida que martilla en cualquier cabeza hoy: “para los revolucionarios”… ¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Cuál es el nivel de “no revolucionarismo” permisible? Sinceramente, las últimas discusiones sobre el asunto en la blogosfera han planteado el tema pero han aclarado y construido poco. Antagonismo, menciones infantiles a Marx y Lenin, chusmería… vienen a presentar como debate algo que es un monólogo a partes.

En segundo lugar, la frase para nosotros tenía que ver con quién logra la hegemonía. En la facultad, el pedagógico y otras estructuras de dirección de la FEU luchábamos políticamente; una lucha que en medio del inmovilismo parecía inexistente. La gente había votado por nosotros, habíamos perdido algunas elecciones, armábamos equipo, consensuamos argumentos, discutíamos… En fin, tenía que ver con la hegemonía. Nosotros “nos creíamos” revolucionarios, y pulsábamos por una preponderancia de nuestro campo.

¿Había gente “no revolucionaria” en la universidad? O, digámoslo en un lenguaje menos difuso: ¿había gente que no apoyaba el proyecto político que se presenta como Revolución cubana? ¿Había estudiantes que cuestionaban y criticaban las decisiones del gobierno, e increpaban a los dirigentes institucionales o estudiantiles? Claro que sí. Somos+ no existía entonces; porque –en rigor– la crítica no ha sido en Cuba un patrimonio exclusivo de los grupos financiados desde los Estados Unidos y Co.

Recuerdo aquello que llamamos “prueba de fuego” previo al VII Congreso de la FEU y las duras discusiones en las aulas –perdonen el eufemismo tras el siglo de reparación– de Física, Psicología, Comunicación de la Universidad de La Habana. En todos los casos, los encuentros –que en ocasiones se extendieron cuatro horas– se saldaron en favor “del proyecto”, y no siempre gracias a nosotros. Acudieron en coincidencia estudiantes con los que otras veces entramos en contradicción, o profesores que con el tiempo –y en franca expresión de retroceso institucional– han sido estigmatizados por las autoridades universitarias y una nueva oleada de analistas blogueros.
 
Desde estas experiencias y el actual contexto, ¿qué ha hecho la FEU de la Universidad Central de Las Villas con la decisión de expulsar a la estudiante Karla María Pérez González –a la que no conozco personalmente– y con la emisión de su declaración del 14 de abril?

  1. Renunciar a un espacio de confirmación y/o disputa de la hegemonía, que se trasladará con mayor fuerza –después de la medida– a otros escenarios.
  2. Evidenciar que se siente “incapacitada” para discutir y atraer (o no) a jóvenes estudiantes que apenas se encuentran en primer año.
  3. Confirmar que ante una decisión tan importante como la de “expulsar” a una estudiante, le basta con una mayoría simple (teniendo en cuenta que en la declaración no se confrontan los datos ofrecidos por la joven).
  4. Demostrar que a la voluntad de bombardear a las actuales instituciones cubanas que se presenta como objetivo de “los enemigos de la revolución”, puede unirse el esfuerzo que realizan algunas organizaciones por dinamitarse a sí mismas.
De esto y más hay en la actual decisión tomada en la Universidad Central de Las Villas, y en la que la FEU de ese histórico y tradicionalmente polémico centro de estudios ha aparecido como punta de lanza.

Podría haberme referido como argumento principal al derecho a la educación superior que se relanzó en Cuba después de 1959 –para no hablar de este derecho en abstracto–, pero eso ha marcado varios de los post leídos sobre el tema (y con los que coincido en líneas generales). Además, sabemos que muchas veces (y en muchos lugares) la cotidianeidad socioeconómica y la naturalización de las diferencias entre los seres humanos, obstaculizan la realización de lo que se grita a los mil vientos como un derecho.

Las versiones están demasiado polarizadas. La propia estudiante, una conversación con Radio Martí, unas declaraciones de la madre que me hicieron sentir como un excomulgado y expulsado de todo (a simple vista no quepo en su proyecto), una repiqueteada declaración de la FEU de la Universidad que no argumenta, solo “ratifica” a través de lugares comunes. A estas horas, estoy esperando otras informaciones sobre el asunto… Lo más cómodo sería aguardar…  

miércoles, 29 de marzo de 2017

Adelantados y acomodados

Por Fernando Luis Rojas
Tú, en cuyas venas caben cinco Grandes,  
A quien hace mayores tu cuchilla,
Eres Adelantado de Castilla,
Y en el peligro adelantado en Flandes.
F. de Quevedo

Por sus servicios a la corona española, Diego Velázquez recibió el título de Adelantado. Pero aquí se trataba de un rango de dignidad y tenía un sentido, en cierto modo, espacial, de representación territorial.
Hay otro, este más temporal, que cabalga en historiografía y fraseología insular. Como dice el refrán: tiro piedras, y probablemente mi tejado sea… ya ustedes saben.
La idea de ese Adelantado temporal sirve para referirse a alguien(es) que se sale de las normas de la época, que rompió el molde, como también diríamos. Da lo mismo el terreno. ¿Literatura? Tenemos al Julio Verne visionario de Viaje al centro de la Tierra, Veinte mil leguas de viaje submarino y La vuelta al mundo en ochenta días. ¿La plástica? Pues Fahrenheit Magazine nos presenta su “salón de los rechazados” (artistas adelantados a su época): Vincent van Gogh, Paul Gauguin, Monet, Vermeer, El Greco, Cezanne, Seurat, entre muchos otros.
Pero con esto del “adelantamiento”, en los terrenos de la historia y la política nadie nos gana a los cubanos. Es así, que a veces Martí es un adelantado para no hablar del retraso de una cultura política descolonial, contra todas las dominaciones, entre una parte de los cubanos que lucharon por la independencia respecto a España; o Mella, para poder hablar bajito de su expulsión del Partido Comunista; o Guiteras, para que “la falta de unidad que dio al traste con la Revolución del 30” sea un asunto difuso y poco preciso; o el Che, todo un adelantado en esa declaración suya de “no dejar a sus hijos nada material” al partir a otras tierras, o considerar como un peligro que el hombre (en rigor, el dirigente) pensara que para dedicar su vida a la revolución, no podía distraer su mente por la preocupación de lo que faltara a sus hijos y familia.
Hablar de hombres adelantados a su tiempo es un arma de doble filo. Sí, puede servir de propaganda y movilizar; sí, a veces logra señalar la grandeza y significación de esos hombres y mujeres. Al mismo tiempo, puede disminuirlos en una oculta dinámica de adelantado-incomprendido (no fue capaz de hacerse entender); y lo peor, viene a tranquilizar a quienes se acomodan desde la lógica “yo estoy bien, soy un hombre o una mujer común, de estos tiempos”.
Como decía, no puedo lanzar piedras… Quizás haya utilizado esos términos. Hay palabras que se destierran –al menos en algún significado– cuando se piensa en ellas. En un camino similar ando, hace algún tiempo, con el significado político-generacional de términos como “relevo”. Pero esos han sido post anteriores, o por venir.

    

viernes, 24 de marzo de 2017

Palabras en la presentación del libro "Ahora es tu turno, Miguel"

Por Rosario Alfonso Parodi*
15 de marzo de 2017

Este libro Ahora es tu turno Miguel, como buen homenaje a un revolucionario mirista, tiene que ser el resultado de un trabajo colectivo, de los autores diversos y extraordinarios, de los compañeros de la cátedra Gramsci, entre ellos Guillermo López Lezcano que transcribió ponencias a veces con un audio deficiente, sin temor a las labores pequeñas para la obra grande, al compañero Fernando Luis Rojas, el compilador que entre tantas responsabilidades trabajó duro en esta selección, discutió abundantemente sobre lo escogido, propuso, entendió y apoyó la importancia de la diversidad para el diálogo entre estos autores, la editora Silvia Gutiérrez, por su paciencia, su atención cuidadosa, su profesionalidad y sus desvelos, los compañeros Guillermo Leyva y Manuel Gahona, combatientes del MIR y cubanos ya, que propusieron inicialmente en esta sala durante el coloquio, que hiciéramos un libro y ellos mismos son los responsables de la materialización de esa idea, y en Chile, Leonardo Chacona que permitió durante más de un año se mantuvieran protegidos nuestros libros y Pepe Borques que con tanta sensibilidad los imprimió y los cuidó con el orgullo de guardar un tesoro para Cuba y los cubanos. Gracias infinitas a todos.
     También gracias aquí quiero dar a una compañera mirista, María Emilia Marchi una combatiente que conocí el último día de mi estancia en Chile, quien después de irnos al cementerio y poner flores en el enorme mausoleo de las víctimas de la dictadura donde está su esposo, su familia, me sentó en su auto que parecía un carro cubano, todo remendado para el llegue, y me dijo que ella no se arrepentía de nada, que todas las derrotas, las adversidades, los llantos abundantes, la larga cárcel, todo había valido la pena si Cuba seguía en pie. Yo le prometí, quién sabe con qué misterio, como si con mi palabra le ofreciera alguna esperanza, que Cuba… seguiría en pie.
     Porque en Chile se ha visto entre tanto batallar entre la memoria y la desmemoria, sepultar otra vez a los caídos, callar a los sobrevivientes, entretener a los militantes en disputas de alcurnia y poder aspirado y nunca tenido. Se ha visto en definitiva languidecer la obra de honradez del MIR, de grandes desgarraduras, de pérdidas preciosas de hombres y mujeres que merecían toda la vida. Se han visto los sueños preteridos a los círculos estrechos de los dolientes, y en el país del neoliberalismo se ha visto reducida la historia de esta organización heroica, a la de unos jóvenes rebeldes de buena familia que fueron muy inconformes y sí, perdieron la vida en una tragedia, como cuando se habla de un accidente de auto.
     La cárcel más efectiva ha sido erigida allí, la de las mentes. Y los que no vivieron lo sucedido y solo tienen la reconstrucción de los que ganaron, no tienen nada más que imágenes de derrota, como cuando Google pone en la búsquedas de fotos de Ernesto Guevara, en las primeras hileras, a un che muerto, amarrado a la pierna de un helicóptero del ejército, y ahí sabemos que los muertos pueden morir muchas veces más.

     

Pero ese mundo de oscuridad puede avanzar en Cuba, ilusos los que creen en valladar sin grietas y en impunidad. Puede avanzar pues posee a su favor los paradigmas difuminados y la despolitización.
     Es verdad que muchas cuestiones de orden práctico dimanan de la necesidad de una revolución de mantenerse al servicio del pueblo y del proyecto que la ha fundado, pero una de ellas, una de estas preocupaciones tiene que ser la salvaguarda de la memoria, de los hechos y sujetos que la han edificado, que la han conservado, que la han distinguido.
    Pues los que buscan restaurar el capitalismo tendrán que erigir las catedrales sin santo de la desmemoria, tendrán, y ya lo intentan, que des semantizar la palabra revolución y revolucionario, y volver a la palabra Nación, Patriota como locomotoras de restauración de un pasado de un poco de iluminados y de un océano de millones en la sombra.
     Por esa razón debemos denunciar permanentemente en nombre de Miguel, a los que excomulgan el recuerdo del internacionalismo combatiente, a los que colocan bajo siete llaves la memoria de hombres y mujeres que vinieron aquí para nutrirse de la vivencia cubana, de la certeza de los cubanos de que la libertad de los otros era tan importante como la libertad individual. Esa obra de amor que era Cuba, les inspiró, los armó para irse allá lejos, a los rincones de sus ciudades, a lo oscuro de sus selvas, a echar la vida, a disponerse hasta a morir, como un paso para hacer seres humanos a los que habían sido tratados como esclavos, como parias, como instrumentos. Debemos denunciar a los que han considerado incorrecto estudiar o conocer el papel de Cuba en estas luchas, semi proscritas como el pasado rebelde de un joven que ha envejecido y se ha enseriado y no quiere que le mienten lo vivido. 
     Debemos denunciar a los culpables de que hasta los protagonistas cubanos de estas hazañas que acompañaron a los héroes, a los héroes como Comandante II, Che, Sendic, o como Miguel sientan que deben hacer un ejercicio de humildad mayúscula y silenciar también la historia de su propia vida que es su mayor orgullo y su asidero para seguir. Debemos denunciar los mecanismos, las razones de que no conozcamos y por ello no podamos honrar a esos héroes.
     Debemos distanciarnos y combatir en definitiva una memoria chata, unánime, de vítores y slogan, un espejismo que solo conduce a que nos desconozcamos, que menospreciemos como un teque nuestra historia y hasta nos sintamos víctimas de un voluntarismo ajeno.
     Hoy van ustedes a llevarse este libro y por eso les pedimos a todos, todos tenemos responsabilidad que asumir en esto, que lo tomen y lo lleven, no a un estante o al reposo de la lectura, sino que lo muestren y lo divulguen, por eso invitamos aquí a los compañeros de la escuela de medicina hospital Miguel Enríquez, a las maestras y los niños de la Escuela Primaria Miguel Enríquez, para que llenen de contenido ese nombre, lo llenen de fe, de moldura de pensamiento, de empeño de lucha, de un Miguel físico, que debe polemizar, que tiene los conflictos y los equívocos que lo endurecen frente al dogmatismo, que tiene que hacer sus ideas valer en el debate, que ama profundamente y que cuando es tocado por heridas de muerte, quiere vivir, quiere vivir. 
     Tenemos ese compromiso de rescate de la memoria por Miguel, pero también por todos esos cubanos con esperanza, que siguen dando una y otra vez en garantía su vida cotidiana, que siguen trabajando duramente, que han mantenido a flote una gran dignidad, y lo han hecho y lo hacen precisamente por creer en el ejemplo de Cuba, asidero para los pobres del continente y del mundo, que se unieron y se rebelaron y protagonizaron las hazañas que los poderoso les dijeron que nunca debían ni soñar.
     En noviembre ha muerto Fidel, todos los cubanos, hasta los que lo asaetearon, los que lo culpaban de todas las cosas, o los que decían esto pasa porque Fidel no lo sabe, todos, lloraron en la fiebre de haber perdido lo que nos recordaba en un nombre propio toda la hazaña, desde la cimera parábola de David, hasta la guapería revolucionaria de Fidel seguro a los yanquis dale duro, que nos recordaba y nos recuerda afirmativamente SÍ el Imperialismo es todavía nuestro peor enemigo, y todo lo que hicieron para doblegar y mutilar NI lo perdono, NI lo olvido, fue el que dijo el que no lleva a su hijo a la escuela no es revolucionario; es el del recuerdo del día en que junto a la más abrumadora mayoría en una plaza, se cambió, por nombres de mártires, los nombres de las fábricas, las empresas y los centrales YANQUIS: United Fruit Company…. se llamaba.
     Ese Fidel que en Chile percibió el peligro agazapado del fascismo, que se encontró con Miguel muchas veces, y que Miguel admiró, escuchó y entendió con fascinación por largas madrugadas de diálogo, aunque nunca sin dejar de tener criterio propio.
     Y porque Miguel y El Bauchi y los otros que murieron con la bandera, dijeron que su estandarte de guerra era rojo y negro como el de Fidel, como el de los primeros en el Moncada, y porque Miguel estaría honrado, estoy segura, quiero pedirles, compañeros que nos pongamos de pie una vez más, como aquella tarde en que cantamos juntos, y con Miguel, y claro por Fidel, cantemos el himno rebelde de Cuba: el himno del 26 de julio.


*Investigadora del ICIC Juan Marinello. Tomado de su página en Facebook .

jueves, 23 de marzo de 2017

Urgencias

Por Carlitos

La pérdida de profesionales en el sector estatal es una realidad que nos ha acompañado invariablemente en los últimos cinco lustros. Año tras año vemos cientos de profesionales migrar hacia el sector privado o el exterior.

Sin embargo, nuevas variables pueden estar agravando el asunto. La política migratoria facilitó a los profesionales cubanos buscar suerte en otros países, mientras que el dinamismo del turismo en los últimos dos años ha hecho más fácil encontrar empleo y buenos ingresos en el sector privado.

Y no es lo mismo un problema de 5 años, que uno de 25. El paso del tiempo ha afianzado la percepción entre una parte no despreciable de la población (y especialmente en los jóvenes) de que no se puede seguir esperando a que lleguen los cambios necesarios: vida hay una sola.

Aunque no existen estadísticas que lo muestren, se puede estar llegando al punto en que no basta con los especialistas que se gradúan para suplir los que se van. Profesionales que con mucho esfuerzo y recursos son capacitados en áreas clave, tienen un tiempo de vida y contribución en el sector estatal cada vez menor.

Hay mucho en juego cuando hablamos de la permanencia de los profesionales en el sector estatal. Una de las principales inversiones de la Revolución (su capital humano) se está malogrando, o peor, se está "exportando" sin recibir nada a cambio.

El sector estatal, que es el que regula la economía, el que debe impulsar la vida política del país, el que debe acometer los cambios económicos, el que tiene en sus manos los sectores estratégicos, el que gestiona los servicios sociales conquistados, corre el riesgo de no poder cumplir con estas funciones porque son muy pocos los profesionales con que cuenta o porque ya no están los más capacitados. Y la búsqueda de soluciones a problemas como los nuestros no puede asumirse con profesionales de segunda o tercera línea.

Lo preocupante es que de tanto traer y llevar el tema nos hemos acostumbrado a verlo como algo muy grave, pero que no depende de nadie: "habrá que esperar a que la economía crezca, a tiempos mejores".

Aunque hay factores subjetivos y organizativos que pesan sobre estos fenómenos, es el bajo nivel de los salarios estatales la principal razón. Con frecuencia se ha insistido en que los salarios no pueden crecer hasta tanto no crezca la productividad del trabajo. Sin embargo, ¿cuánto tendría que crecer la productividad para restablecer el nivel de los salarios?

Para, por ejemplo, multiplicar por tres el salario medio mensual (de manera que sobrepase los 2.000 pesos cubanos* u 80 CUC), la productividad del trabajo tendría que triplicarse también. A una tasa de crecimiento anual de 8,0% (similar a la difícilmente imitable de China en sus años de mayor dinamismo) la productividad tardaría en triplicarse en Cuba casi 15 años.

Por tanto, en términos prácticos, la solución al problema no puede provenir únicamente del incremento de la productividad. Es necesario y preciso estudiar otras soluciones organizativas y distributivas. No siempre se puede esperar a soluciones ideales.

Es posible, por ejemplo, agilizar los cambios anunciados que inciden en la optimización de la fuerza laboral estatal: reducción de plantillas infladas de conjunto con el impulso al sector mixto, cooperativo y privado en sectores no considerados como "medios de producción fundamentales". Una reducción de las plantillas infladas permite distribuir entre un grupo menor de trabajadores (y de una forma más justa) la misma masa salarial.

En el orden de las trasformaciones pendientes, también es preciso acelerar las acciones que permitan eliminar innecesarias erogaciones del Estado en servicios sociales. No se trata de reducir estos servicios, sino de sustituir subsidios y gratuidades innecesarias por incrementos salariales. En términos de la economía política, estamos hablando de lograr un mejor balance entre la distribución con arreglo al trabajo y los fondos sociales de consumo.

Un ordenamiento de las regulaciones del sector privado, incluyendo una revisión de la política tributaria (que actualmente genera incentivos perversos), podría ayudar a reducir los altos niveles de evasión fiscal y, con ello, incrementar los recursos con que cuenta el Estado para pagar salarios en el sector presupuestado.

En el muy corto plazo, se podrían adelantar incrementos salariales representativos en sectores pequeños (y por tanto poco costosos para el Estado), pero de mucha incidencia en el desarrollo económico, político y social del país. Pienso, por ejemplo, en nuestros doctores en ciencias, los profesionales de los centros clave del polo científico, los periodistas, los científicos a cargo del diseño e implementación de las principales reformas económicas y políticas, entre otros.

Seguramente habrá otras y mejores soluciones, que pueden partir del intercambio y el análisis especializado. Listo algunas para advertir que no dependen únicamente de incrementos productivos.

Solo a partir de que el salario restablezca sus funciones básicas será posible aspirar a que en el Socialismo confluyan los intereses individuales, colectivos y sociales. Mientras, el sector privado y el capitalismo no solo crecen, sino que comienzan a verse para muchos (a falta de alternativas palpables) como la única opción posible para alcanzar sus proyectos personales.

Es demasiado lo que se juega. Necesario es actuar cuanto antes.

*Según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información en 2015 el salario medio mensual era de 687 pesos cubanos. Si se lograra triplicar, alcanzaría los 2.061 pesos cubanos. Suponemos adicionalmente que los precios no crecen. Con el crecimiento de los precios (inflación), al cabo de 15 años esos 2.061 pesos cubanos tendrían mucho menor poder adquisitivo que hoy.

jueves, 9 de marzo de 2017

De Oráculos, la cabeza y el estómago

Por Fernando Luis Rojas

“Vertical” y “Horizontal” son dos términos que campean en el lenguaje político. Más allá de los significados con que han calado en el sentido común y en la academia, cabe siempre la posibilidad de problematizarlos. A mí en lo particular, la idea de “mandar obedeciendo” me suena a una verticalidad inversa; por ejemplo. Por otro lado, esta apropiación en el terreno político, invisibiliza o desplaza otras “verticalidades” operantes: económicas, culturales, ideológicas, académicas, educativas…
En la antigüedad, el Oráculo representaba el doble carácter de la verticalidad. Era, por una parte, el lugar al que se acudía para la consulta; digamos, el espacio, la referencia. El oráculo era además la respuesta, el futuro, y por si no bastara, el camino. En materia de pares sería más o menos así: la Academia y el libro, la Organización y el manifiesto, el Ministerio y las resoluciones, las Salas de lo Constitucional y su interpretación de la ley fundamental…
Aunque se ha diversificado, el asunto –en esencia– no ha cambiado mucho. A diario nos asalta por la izquierda Delfos, por la derecha Dídima, por el centro Delos. Y a veces se intercambian. Hay multitud de formas, al menos en el lenguaje: “somos marxistas” y “esta es la interpretación correcta de Marx”, “luchamos por la democracia” y “esta es la forma de ser democráticos”, “estoy comprometido con lo popular” y “esta es la expresión de lo popular”, “esos autores están superados” y “ahora deben leer estos otros”, “la Revolución es…” y “nosotros somos los verdaderamente revolucionarios”, “esta es la forma de luchar” y “todos los que no siguen ese camino no luchan”… y así por el estilo.
Yo, por lo menos, no estoy libre de ese contagio antiquísimo del doble carácter de la verticalidad. A veces víctima, y otras tantas entrando al juego de victimarios. Pero esa es la cabeza. El estómago corrige, cuando lo dejamos. El estómago corrige cuando nos ubica diariamente a la par de muchos, cuando sigue planteando –el también milenario problema– de los millones que del verticalismo solo han visto el punto sobre sus cabezas.